Estadio Nelson Oyarzún

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 FICHA TÉCNICA

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HISTORIA

Por gestiones del entonces Presidente Arturo Alessandri Palma, el 4 de noviembre de 1935 se inauguró por primera vez el estadio de Chillán, cuando no era más que un arenal.

Tras el devastador terremoto de 1939, el estadio se usó como centro de pabellones de emergencia, donde además un joven equipo de Ñublense realizaba partidos amistosos para recaudar fondos para los damnificados por la catástrofe.

Así, parecía que el estadio de Chillán pasaría al olvido, pero la presión de los deportistas de la época y el inminente ingreso del cuadro Rojo a la Segunda División profesional obligó a las autoridades de la ciudad a contar con un recinto empastado.

De esta forma, cuando corría el año 1961, el estadio fue empastado e inaugurado oficialmente como Estadio Municipal de Chillán. A lo largo de esta década se avanzó en la construcción de algunas tribunas de cemento y también en el hermoseamiento del entorno.

Ya en los setenta, con dos campañas que casi nos llevan al ascenso (1971 y 1973), se mejoró la iluminación del estadio. En 1978, por un decreto del entonces alcalde Pedro Guzmán, se cambió el nombre al recinto, pasando a llamarse Estadio Municipal Nelson Oyarzún Arenas, en honor a uno de los directores técnicos más reconocidos que hemos tenido en nuestra historia.

Un sinfín de emociones albergó dicho coliseo deportivo con el paso de los años. Mudo testigo de ascensos y descensos, de llantos desgarradores y gritos de alegría. Testigo del paso de dirigentes, jugadores y punto de encuentro por excelencia de toda la comunidad ñublensina.

Con el paso de los años, Chile comenzó a brillar en lo deportivo y nuestro país fue designado como sede para la Copa Mundial Femenina Sub-20, en el año 2008. Una de las ciudades que debía albergar los encuentros fue Chillán. Por ello, se construyó un estadio totalmente nuevo, cambiando incluso la orientación de la cancha (ahora de norte a sur), de manera de cumplir con estándares FIFA.

El nuevo estadio significó una inversión de 12.671 millones de pesos. La obra se inauguró el 2 de noviembre del 2008 con la presencia de la Presidenta de la República. El 27 de febrero de 2010, el recinto sufrió graves daños a raíz del gran terremoto que afectó a la zona centro-sur del país, las que ya se encuentran completamente reparadas.

El color rojo, nuestro sello, llena todos los espacios del estadio: tribunas, pasillos y recintos en general. El recinto fue techado en un 75% con tenso membranas de PVC y una estructura perimetral que envuelve la estructura, la que además soporta el sistema de iluminación. Las antiguas torres fueron demolidas ya que no cumplían con los requisitos lumínicos mínimos.

¿Por qué Nelson Oyarzún Arenas?

En 1975, un joven preparador físico que luego se hizo entrenador revolucionó el medio futbolístico con conceptos científicos traídos de Alemania y una mística nunca antes vista, marcando a fuego los valores de nuestra institución.

Ese hombre era Nelson Oyarzún Arenas, quien apareció en Ñublense en junio de 1978. Su estilo diferente rompió esquemas. Algunos lo tildaron de loco, pero un loco lindo, de esos que destacan dentro y fuera de la cancha.

En su primer día de trabajo, tras su presentación, Nelson se dirigió al camarín y se sentó sobre una camilla. Contempló a sus pupilos y les preguntó cuánto creían que valían. Les explicó que el equipo estaba al fondo de la tabla y que todos ellos estaban desvalorizados. Señaló que la única forma de volver a valorizarse es mejorando, y que la única manera de mejorar, es con trabajo duro.

Pronto se haría popular su método de alimentación poco ortodoxo traído de Europa. Su apodo de “consomé” ´lo ganó por hacer que sus jugadores tomaran ese caldo durante los 15 minutos de descanso. Decía que en días fríos al jugador había que provocarle una reacción y no enfriarlo más, por eso había que entregarle el mismo líquido que el organismo pide, pero caliente, aprovechando además de recupera sales. También usó jaleas en vez de agua para no “enguatar” a los jugadores e hizo naturales las tallarinadas para devolverles las calorías que gastaban en los partidos. “Con buena alimentación, pídale cualquier esfuerzo a un jugador”, explicaba el “Consomé”.

A Don Nelson le importaba la psicología del futbolista, su estado de ánimo, por eso los trataba como príncipes. En una ocasión llamó al utilero del equipo y le pidió reunir toda la ropa de entrenamiento, pidiéndole que la quemara. Ante la mirada atónita de todos, explicó que las personas que entran a un rectángulo de juego son dioses y no pueden andar mal vestidos. Enseguida solicitó tres tenidas nuevas de ropa de entrenamiento para sus pupilos.

Don Nelson cuidaba a los suyos, pero también les exigía. Una de sus más célebres frases lo refleja con claridad: “Señores, conviértanse en gladiadores, porque en su tiempo, no existían los segundos lugares”, señaló más de alguna vez a sus jugadores antes de entrar al campo de juego.

En el año 1978 Oyarzún estaba enfermo. No obstante, igual se las ingenió para liderar a sus guerreros en el estadio Nacional en un partido de visita frente a Universidad de Chile. Nelson estaba arropado, caminaba lento y se apoyaba en los brazos de dos asesores. De pronto, camino a la banca, se le doblaron las rodillas y cayó al suelo. La emoción brotó de todas las tribunas del estadio, sin diferenciar color. Sus dirigidos, impactados, vieron el hecho como una muestra de valor y en su honor dieron todo para empatar el partido a los azules, en su propia casa.

El tiempo pasó y la enfermedad empeoró. El domingo 10 de septiembre de 1978 será recordado por siempre por los hinchas rojos. Ese día en que Ñublense enfrentaría a Colo-Colo en Chillán, el gran Nelson Oyarzún Arenas dejaba de existir en el hospital de la ciudad, a eso de las 10:00 de la mañana.

Nelson Oyarzún Arenas se fue, pero no sin antes dejar un mensaje ejemplar a sus pupilos, por intermedio de su capitán, Mario Cerenderos: “el mejor homenaje que me pueden rendir, es jugar el partido y ganarlo. Y así fue”.

A las cuatro de la tarde de ese fatídico domingo, más de ocho mil personas llegaron al estadio Municipal de Chillán, que ese día fue rebautizado con su nombre, a presenciar el simbólico e inolvidable encuentro. Las familias chillanejas conmovidas coreaban a viva voz: “¡Oyarzún! ¡Oyarzún! ¡Oyarzún!”. Pero el querido “Consomé” ya no estaba en la banca de los Diablos Rojos.

Un cáncer asesino le arrebato la vida a Don Nelson Oyarzún Arenas, no así su legado, que sigue hasta hoy, más vigente que nunca.

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